lunes, 1 de julio de 2019

Aforismos de la vida



Los Aforismos o la mezquindad de las palabras

Los aforismos suelen callar lo que otros géneros intentan decirnos en exceso. Callar lo dicho es los importante en los aforismos, es decir, en ocho o en quince palabras hay que decirlo todo y a la vez marcar un silencio para dejar así al lector vislumbrar lo que no fue dicho, lo que no está a simple vista.

Me fascina descubrir que la literatura se manifiesta de la manera más diversa, en este caso, saber que se expande a través del minimalismo más extremo, en forma de hondos mensajes esenciales que resultan vitales en los tiempos modernos… donde todo es efímero, ciertamente pasajero.

Los aforismos han de nutrirse en los abismos. La mínima expresión del decir poético es la llama de los aforismos, se trata indefectiblemente de un discurso mínimo. Su enunciado, si bien es a través de la sentencia, no es necesariamente explícito, lo que se quiere decir está precisamente en lo tácito, que es cuando el verdadero poeta dice sus verdades más ocultas, cada vez que el poeta calla dice algo, una coma, un punto o hasta un acento pueden variar todo el significado en este género.

Los verdaderos escritores de aforismos son lo que pueden despertarnos de la realidad con la mezquindad de sus palabras. El único discurso que puede darlo todo en una línea es, sin duda alguna, el aforístico. Ningún otro género es capaz de condensar a la verdad en una sola línea. Es el arte de decir en una frase todo lo que un novelista no puede decir en 600 páginas. Esa es la contundencia del aforismo, no dar lugar a palabrerías o a farragosos discursos.

Los aforismos exigen pulverizar lo que fue dado y tomado como real, irrumpen lo consabido, nos obligan a re pensar, a ver las cosas nuevamente, desde otro lugar, nos muestran el camino de la re pregunta, del planteo permanente, como si se tratara de un axioma filosófico, en el cual uno ve una vez más las cosas, pero a través de un lente muy singular, que es el de entrar por una mirilla de cinco o veinte palabras.

El máximo poder de un buen aforismo está en la confección final que hace lector, lo que Nietzsche llamaba rumiar el aforismo. Es un género que no se destaca por tener tantos autores, daría la impresión de tratarse de un género que sigilosamente escoge a su escritor, muy pocos escritores a lo largo de cada siglo escriben aforismos. Ahora bien, cuando te topás con un escritor de aforismos que salga de la norma y te mueva tus cimientos vas a sentir que todo lo hallado oportunamente perderá significancia pues arrancará de cuajo tu pensamiento y te llevará hacia lo inaudito.

En tiempos de redes sociales tuve la fortuna de dar con un poeta argentino que me voló el cráneo, Alejandro Lanús, argentino, porteño, aunque vive en la montaña desde principios del milenio. Este poeta de concepción fragmentaria domina las redes sociales como ninguno, más de 750.000 personas lo leen entre Instagram, Twitter y Facebook. A sus aforismos los tituló “Umbrales”.

Conseguí una versión de su libro mínima y se transformó en un objeto de culto y de recurrencia permanente para mí, no sólo viajo a través de su poesía, llevo su libro pocket en mi bolsillo y lo leo mientras recorro la ciudad, me acompaña en mis idas y vueltas de mi casa a mi trabajo.  Les recomiendo lean sus “Umbrales” e irán viendo el efecto que producirá su lectura, a mí me genera un paseo por lo incierto por lo indefinido, lo considero como uno de los más destacados escritores de aforismos contemporáneos.

Aforismos de la vida

Más información: https://www.alejandrolanus.com


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